Autor; Gabriel Mora Gutiérrez, presidente del Comité Estatal de Sanidad e Inocuidad Acuícola de Jalisco.

En México la acuacultura se remonta al período prehispánico, cuando los peces eran cultivados con fines ornamentales y religiosos y se sembraban en los ríos, lagos naturales y artificiales. Algunos peces servían como ofrendas a los dioses para poder obtener abundancia en su pesca practicada en los numerosos lagos del Valle de México, el pescado era traído principalmente de Veracruz. Con la conquista se modificó la dieta del pueblo mexicano. En 1883, Don Esteban Chásari, a quien se consideró el padre de la acuacultura mexicana, publica su obra “Ideas sobre la importancia de impulsar vigorosamente la piscicultura y la acuacultura en el país”, donde pone de manifiesto la trascendencia que estas actividades podrían tener en el desarrollo económico del país, y propone al gobierno medidas legales y prácticas. Fue él a quien se debe la célebre frase: “Donde hay agua debe de haber peces”.

En los años 40´s comienza la importación de especies como la trucha, con fines de promover la producción. En la actualidad, un reto importante tiene que ver con reducir la actual dependencia de productos acuícolas importados, simplemente porque la producción nacional es insuficiente. Debe también incrementarse sustancialmente el consumo de pescados y mariscos, cuyo valor nutricional se relaciona principalmente con su cantidad y calidad de proteínas y lípidos, que son la fuente principal de ácidos grasos omega 3. Paralelamente, para obtener un producto de alta calidad para el consumo humano es necesario contar con buenas prácticas de cultivo, en conjunto con un monitoreo riguroso que permitan obtener productos sanos e inocuos.

El Estado de Jalisco cuenta con suficientes recursos hídricos, una gran diversidad de climas y ecosistemas que propician las condiciones adecuadas para el desarrollo de la actividad acuícola de diferentes especies. Como se mencionó anteriormente la demanda de producto ha permitido que ingresen al país miles de toneladas provenientes principalmente de países asiáticos y que al productor nacional le es difícil competir con los bajos precios del mercado internacional. Para tener un mercado acuícola local más competitivo, es necesario optimizar e implementar tecnologías de producción para alcanzar tasas óptimas de crecimiento y propiciar medios adecuados de cultivo para obtener productos de calidad en un menor tiempo, comercializar el producto con un valor agregado y disminuir pérdidas por mortalidades. La selección de la especie, las condiciones climáticas, la calidad y cantidad de agua disponible, así como el manejo adecuado de los organismos representará un 80% del éxito de la producción, esto nos dice que los errores en el manejo nos pueden llevar directamente al fracaso del proyecto y pérdida de los recursos invertidos.

Es importante contar con asesoría técnica y capacitación otorgada por profesionales en producción acuícola, quienes recomendarán, para una producción sana e inocua, las características que debe contar la unidad de producción en cuanto a instalaciones y equipos eficientes, así como el manejo de los organismos: densidades apropiadas, recambios, biometrías para adecuar el alimento por etapas, formulación, calidad y cantidad según la especie cultivada, monitoreo de parámetros fisicoquímicos como oxígeno, pH, nitritos, amonio, turbidez, temperatura, así como detección de enfermedades, infestación de parásitos, infecciones bacterianas, ocasionando crecimientos inadecuados y muchas veces mortalidad de los organismos.