Cafetaleros Orgánicos Real de la Cuesta, es una empresa familiar productora de café de altura en el municipio de Talpa de Allende. Anahí Rodríguez forma la cuarta generación de una familia que por más de medio siglo se ha dedicado a esta actividad.

Es muy joven, con estudios universitarios y tiene una amplia visión para desarrollar el negocio desde su comunidad La Cuesta, donde se produce el café arriba de los 900 metros sobre el nivel del mar, cien por ciento orgánico, bajo la sombra y con técnicas de cultivo sustentables para proteger la diversidad de la flora y la fauna del lugar.

La ventaja competitiva que tiene “Café la Cuesta” frente a otros cafés, es su aroma y sabor “porque el cultivo se hace bajo sombra diversificada, las variedades de cafetos están adaptadas al clima local y son resistentes a plagas y enfermedades”.

Dentro de los cafetales hay árboles que tienen más de cien años, los cuales han crecido entre naranjos y mangos y se han seleccionado los mejores granos, lo que garantiza su calidad y sabor.

Anahí menciona que han recibido apoyos gubernamentales para mostrar su café con las presentaciones molido y tostado en ferias y expos, como la de “Agro Baja” y “Expo Gourmet”.

Ahora se está en búsqueda de comercializarlo en mayor volumen y poder rebasar las ventas que tienen actualmente de 2 toneladas por semana.

Con la asesoría de la Secretaría de Desarrollo Económico, planean cumplir con los requisitos que les solicitan las grandes tiendas de auto servicio, en lo referente a contar con la norma de etiquetado, la tabla nutrimental, el código de barras y las bolsas adecuadas para su mejor conservación del aromático café.

Para saber :

El café producido mediante prácticas autorizadas para la producción orgánica puede ser idéntico al sistema de producción convencional, la diferencia está en los métodos empleados y en el proceso de certificación que requiere este producto.
El 20% de las exportaciones mundiales corresponden a este tipo de producción, que es cultivado por indígenas (hombres y mujeres), no utilizan métodos mecanizados y el sistema de producción es rudimentario y artesanal, es decir, fundamentalmente, se realiza a través de la fuerza de trabajo familiar, en donde el trabajo de la mujer tiene una importancia considerable; no emplean insecticidas, ni químicos, sino abonos orgánicos.