Los huertos urbanos proporcionan alimentos sanos que contribuyen en aminorar el hambre en zonas vulnerables, pero también representan un ingreso extra por la venta de productos. El problema es que en Jalisco no existe un programa estatal que promueva la agricultura urbana; los ayuntamientos tampoco los incluyen en sus políticas públicas y sólo aplican talleres y asesorías.
Hace un año, en el Congreso del Estado se presentó un acuerdo para implementar un programa de agricultura urbana en la metrópoli para aprovechar baldíos, patios y azoteas de viviendas. Las secretarías de Medio Ambiente (Semadet) y Desarrollo Rural (Seder) fueron instruidas para desarrollarlo, pero no se impulsa una política pública para aprovechar el potencial de las islas verdes contra el hambre, por ejemplo, una buena práctica de estos proyectos es que, en La Habana, Cuba, 90 mil habitantes cultivan sus huertos caseros.
El Gobierno carece de un programa que aglutine todas las iniciativas que han emprendido algunas instancias públicas, ayuntamientos y sociedad civil. Así lo reconoce la coordinadora de seguridad alimentaria de la Secretaría de Desarrollo Rural (Seder), Susana Salmerón Hermosillo.
“La propuesta es que este año se implemente como un programa con reglas de operación… sería el primer esfuerzo”, adelanta la funcionaria.
El año pasado, la Seder implementó un proyecto piloto para dotar a 250 familias con la infraestructura y los conocimientos para desarrollar huertos domésticos. Empresas contratadas por la dependencia se encargaron de capacitar a la población seleccionada en las colonias La Casita y Constitución (Zapopan), San Andrés (Guadalajara), Santa Cruz del Valle (Tlajomulco) y Coyula (Tonalá). El objetivo fue ampliarlo a otras zonas y municipios, pero el proyecto piloto se frenó y este año no hay recursos para operar.

“La idea del pilotaje era que nos diera la información para ver cuáles iban a ser las mejores estrategias para implementar un programa con más forma… El objetivo es que las familias se beneficien del autoconsumo en sus viviendas”, recuerda Salmerón Hermosillo.

Aunque no se tiene un presupuesto definido, señala, este año pretenden continuar con las capacitaciones: “Buscaremos detonar los proyectos que surgieron el año pasado, darles continuidad a las familias apoyadas, pretendemos apoyar a las que quieran dar el paso de autoconsumo a una producción con excedentes para su venta”.

Pero además del Estado, los municipios también admiten y padecen la ausencia de una política pública que apuntale la creación de islas verdes en la metrópoli. “La Zona Metropolitana de Guadalajara carece de un programa estatal para impulsar la actividad a escala mayor”, precisa Juan Pedro Corona Salazar, investigador del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias de la UdeG: “Es un asunto político y de voluntades, en el Distrito Federal ya tienen tiempo trabajando el tema y con buenos resultados, de hecho parte del impuesto predial se reduce si tienes un huerto urbano”.
Farid Morales Vera, coordinador del Parque Agroecológico del Ayuntamiento de Zapopan, indica: “Se han hecho propuestas, pero no hay políticas públicas como tales para agricultura urbana… De pronto hay muchos talleres y pláticas pero no hay un seguimiento, hace falta una evaluación para ver realmente qué talleres están impactando”.
El funcionario admite que falta “mucha capacitación dentro de las áreas de educación y cultura ambiental de los ayuntamientos, la gente que está en los puestos públicos no conoce y no le da la importancia que tiene a la agricultura urbana”.

Los huertos urbanos apenas emergen en la metrópoli: el Estado ha impulsado cinco, pero sólo el de Tlajomulco comercializa la producción. El ayuntamiento de Guadalajara apenas mantiene dos huertos y este año comenzó a capacitar formalmente a los interesados en emprender sus huertos domésticos, aunque sólo se inscribieron 27 personas.

Existe un proyecto para abrir otro huerto en la colonia Miravalle, pero el municipio aún no aprueba los 700 mil pesos que se requieren para hacerlo realidad.

El Edén Orgánico es el pionero en la metrópoli

Ante la falta de políticas públicas y programas para impulsar la agricultura urbana, la sociedad civil en Jalisco ha tenido una participación significativa en la promoción del tema. El Edén Orgánico ha sido pionero en el tema con más de una década de experiencia en la ciudad.

En el huerto urbano instalado en el Cecati 56 cultivan cerca de 20 hortalizas, plantas aromáticas y medicinales. Hacen composta y utilizan material reciclado. Su presidenta Marisela Rosales atiende el huerto tres días a la semana y le alcanza para vender excedentes.

El grupo, integrado por cinco mujeres, se abastece de las hortalizas que cosechan libres de químicos. La activista sueña con que cada familia tenga un huerto en casa, pero lamenta la falta de apoyo gubernamental.

La asociación Extra también busca generar conciencia ecológica en escuelas, empresas e instituciones a través de talleres y la instalación de huertos urbanos. El año pasado instalaron cinco huertos en dos empresas y tres escuelas marginadas en las que impulsan proyectos productivos. Su directora Martha Arreola Gutiérrez explica que capacitaron a mil 500 empleados de 30 empresas, así como alumnos de seis escuelas. La meta para 2015 es impartir 100 talleres.

Para el director técnico de la asociación, Óscar Suárez Bon, la sociedad debe adquirir las habilidades para ser más autosuficientes: “en cinco años los precios de los alimentos han subido 97%, cada vez hay más gente que ya no puede acceder ni a la canasta básica”.

“No hay pretextos: todos podemos tener en casa un pequeño espacio para producir un mínimo porcentaje de nuestra dieta y ahorrar unos centavos; en la azotea, traspatio, balcón o hasta en la pared”.

Los beneficios: más ingresos y mejor calidad

¿Cuáles son las ventajas?

Proporciona suficientes alimentos variados para toda la familia durante el año o por varios meses. Mejora los ingresos con la comercialización de productos del huerto a largo plazo. Mejora o mantiene el estado nutricional de toda la familia. Fortalece la integración familiar. Se realiza una producción segura y sana de alimentos. Se fomenta la diversidad de cultivos de hortalizas, árboles frutales y leguminosas.

Fuente: El Informador.