LA OPINIÓN DEL EXPERTO

José Ayala:

PROGRAMA Sectorial de Desarrollo Agropecuario, Pesquero y Alimentario.

2013 -2018: ¿Nuevo rostro del campo?

El Licenciado José Ayala Padilla es egresado del ITESO en Administración de Empresas y tiene  Maestría en Ciencias Políticas por la Universidad de Houston; ha colaborado en diversos organismos e instituciones públicas y privadas del sector rural y entre otros cargos ocupó la Dirección General del INCA Rural. Actualmente es consultor de la FAO.

El 13 de diciembre pasado se publicó el Programa Sectorial de Desarrollo Agropecuario, Pesquero y Alimentario 2013-2018; en él se expone que “la visión estratégica para el desarrollo agropecuario y pesquero es construir un nuevo rostro del campo sustentado en un sector agroalimentario productivo, competitivo, rentable, sustentable y justo, que garantice la seguridad alimentaria del país.”

Esta visión responde a los siguientes retos identificados en el Programa:

Elevar la productividad con modelos de asociatividad (clúster) que le den escala productiva al minifundio y permitan integrarlos a la cadena productiva; sustentar y potenciar la competitividad de las empresas agroalimentarias, cuidando al mismo tiempo elevar la productividad de las unidades de baja escala; mejorar y aprovechar racionalmente el agua a través de sistemas de riego con tecnologías cada vez más avanzadas, así como aumentar la superficie bajo riego; impulsar el desarrollo de programas y proyectos viables con alto impacto social, desarrollar un sistema financiero integral agropecuario y pesquero basado en las nuevas atribuciones que la reforma financiera le asigna a la banca de desarrollo; consolidar un sistema de administración de riesgos que otorguen mayor certidumbre a la actividad agroalimentario; lograr el equilibrio armónico entre regiones; promover un adecuado balance entre el desarrollo de las actividades que contribuyen al crecimiento económico y la sustentabilidad de los recursos naturales;actualizar el sistema normativo, crear un código alimentario sencillo y accesible y una SAGARPA con un modelo organizacional inteligente, ágil, flexible y transparente.

Si nos atenemos a estos señalamientos, salvo algunos aspectos aislados, no se advierte la novedad en el rostro del campo.

Esta impresión se reafirma al revisar las estrategias, programas y componentes que se exponen en el Programa. En la profusión de ellos no logra identificarse algo diferente que sustente la pretensión de darle un nuevo rostro al campo. Aún más, en las Reglas de Operación de los programas de SAGARPA del 2014 definitivamente se torna irreconocible el “nuevo rostro”: programas fragmentados, complejos, sin articulación y peor aún, con sesgos que seguramente propiciarán mayor comportamiento clientelar tanto en funcionarios como en la misma población.

Más allá de la retórica que usualmente utilizan los nuevos gobiernos como pretendida vía de legitimación, es difícil apreciar alguna modificación sustantiva en la responsabilidad gubernamental en la conducción de la política de desarrollo rural sustentable.

Siguen ausentes elementos básicos para la promoción del desarrollo rural: estructuras y procesos que garanticen la gestión local y regional del desarrollo; participación efectiva de  los actores locales y regionales en la decisión y orientación de las inversiones centradas en bienes públicos; fortalecimiento de las capacidades de gestión y gobernanza de los gobiernos estatales y municipales, así como en la rendición de cuentas; diseño y ejecución de planes de desarrollo de los sistemas alimentarios en las diversas regiones del país integrando los procesos y niveles micro y meso; consolidación de las instancias público-privadas previstas en la Ley de Desarrollo Rural Sustentable LDRS para la coordinación del desarrollo de los sectores articulando desde lo local hasta lo nacional; certidumbre en el marco normativo nacional en materia de mercados, financiamiento, sanidad e inocuidad, gestión del agua, otros recursos naturales, así como en las acciones preventivas ante el cambio climático; la profesionalización del servicio público; el aprovechamiento eficiente e integral de las instituciones de educación superior y de investigación y desarrollo en el desarrollo local, regional y nacional, entre otros.

El rostro ofrecido no muestra rasgos diferentes a los que el clientelismo y oportunismo ha forjado a lo largo de muchos años, tal como está dibujado, será inevitablemente cortoplacista y sin compromiso con el desarrollo de una institucionalidad sólida promotora del desarrollo rural sustentable.

Nuestra LDRS seguirá siendo una aspiración y no una realidad normativa efectiva. Así los incentivos para los agroproductores seguirán alejados del básico sentido de dignidad del emprendimiento propio y asociado, se dirigen hacia el afianzamiento de una práctica gestora de rentas que sabemos de sobra poco aporta para avanzar hacia las aspiraciones que la visión estratégica del Programa propone.

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