El Amaranto, el cereal prodigioso que combate la desnutrición

Hace un par de años, escuché decir al astronauta mexicano Rodolfo Neri Vela, en una conferencia en el marco del Congreso Avances en Medicina, que organizan los Hospitales Civiles de Guadalajara, que el amaranto fue seleccionado por la NASA para alimentar a los astronautas por su alto valor nutritivo, por su aprovechamiento integral, por la brevedad de su ciclo de cultivo y por su capacidad de crecer en condiciones adversas.

Este cereal fue calificado por la NASA como cultivo CELSS (Controlled Ecological Life Support System) la planta remueve el dióxido de carbono de la atmósfera y al mismo tiempo, genera alimentos, oxígeno y agua para los astronautas.

El amaranto pasó a ser cultivado en los viajes espaciales desde 1985. Ese año, el amaranto germinó y floreció en el espacio durante el vuelo orbital de la nave Atlantis. El propulsor de este hecho fue precisamente Neri Vela quien dijo que el amaranto era un regalo de México para el mundo.

El amaranto, también llamado kiwicha, es un viejo cultivo que cumplía un rol fundamental en la dieta de los Aztecas y otras civilizaciones. Neri Vela sugería a los padres de familia ponerles en la lonchera a los niños una barrita de amaranto. Su proteína es superior a la de otros cereales. Su valor nutricional es superior al de la leche de vaca. Sus hojas tienen más hierro que las espinacas, contienen un elevado porcentaje de fibra, vitamina A y C, calcio y magnesio.

Como una opción para erradicar la desnutrición y pobreza en diversas comunidades y regiones de Querétaro, la Fundación México, Tierra de Amaranto (MTA), promueve el cultivo y consumo de este grano en diversas zonas de la entidad, principalmente las más desprotegidas. La presidenta y fundadora de MTA, Mary Délano Frier, señaló que la Fundación tiene el objetivo de difundir y ampliar el conocimiento de las propiedades nutrimentales y el consumo de amaranto, un alimento prehispánico, que hoy es un recurso para la lucha contra la desnutrición y la pobreza.

La fundación creada en 2005, resultó finalista en una convocatoria lanzada en marzo de 2013 como parte de la Iniciativa Más Salud, fruto de la alianza entre Boehringer Ingelheim México y Ashoka, donde participaron cuatro proyectos emprendedores con la finalidad de propiciar un impacto social en materia de salud.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), reconoce a este grano como un “pseudocereal”, con mayor contenido proteínico para el consumo humano, se le ubica como “el alimento del futuro” y recomendó su ingesta en los núcleos familiares, principalmente en aquellos de escasos recursos.