La vida en el campo ya no es la misma que la de hace unas décadas. Sin embargo, la  imagen que sigue permeando en la sociedad es la de un campo abandonado, de viejos, poco rentable y que produce por debajo de su potencial. “Las actividades agropecuarias son poco atractivas para los jóvenes, quienes creen erróneamente que vivir del campo no es rentable”, reconoce Gerardo Cárdenas Barba, vicepresidente del Consejo Nacional Agropecuario (CNA) de Líderes Jóvenes.

Para el también presidente de la Comisión de Jóvenes del Consejo Agropecuario de Jalisco, uno de los objetivos es promover la inserción de los jóvenes en el agro, facilitando así el relevo generacional. Según datos de la Encuesta Nacional Agropecuaria 2012, 75.8% de los productores del sector agropecuario tiene más de 46 años de edad, porcentaje que se incrementó si se compara con 61.8% de los productores que superaban esa edad en 2007.

En contraste, de 2007 a 2012, el porcentaje de trabajadores del campo entre 25 y 45 años pasó de 32.9 a 23.4%. Este es un tema alarmante para el subdelegado agropecuario de la Sagarpa en Jalisco, Diego Ramos Padilla: “Los jóvenes son un motor indispensable, por la profesionalización y tecnificación, para lograr el cambio que el campo mexicano requiere. Si los jóvenes no se meten al campo y no se preocupan por profesionalizarlo y tecnificarlo, el campo va a seguir envejeciendo y se verá muy afectado”.

Hace unos meses, Cruz López Aguilar, procurador agrario nacional, reconoció que los jóvenes son clave determinante para alcanzar la transformación que se ha propuesto el gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto.

Cárdenas Barba considera que la principal demanda y exigencia de los jóvenes que buscan emprender en el campo tiene que ver con la falta de apoyos. “Los agricultores se quejan de la falta de ayudas, de las dificultades y trabas burocráticas para acceder a los programas. Los tiempos para meter proyectos son muy limitados, mientras que el recurso tarda bastante en caer al productor”.

Agrega que no tomar en serio a los jóvenes agricultores es un gran error. “Hay que darles todo el empuje para que puedan detonar más proyectos productivos. Ser emprendedor agropecuario de por si es difícil, se topa uno con muchos obstáculos y riesgos”.

Allegados al sector coinciden en que el campo es una gran fuente de oportunidades para emprender negocios. “Las oportunidades están en el campo, siempre han existido, el problema es que los jóvenes están muy desinformados y desconocen todas las posibilidades de desarrollo y crecimiento que hay en el sector”, asegura el subdelegado Ramos Padilla.

Para el investigador Ramón Goyás Mejía, la desvalorización del campo se aprecia al analizar la situación de los ejidos: “Sólo 3% de los ejidatarios en el país son jóvenes de entre 18 y 31 años, mientras que poco más de 50% de los ejidatarios ronda los 60 años”. El académico afirma que la desvalorización cultural del sector agrario, la falta de oportunidades, la diferencia salarial entre las zonas urbanas y rurales, y la falta de capital para invertir son los principales obstáculos para el relevo generacional en el campo.

De no revertirse la tendencia del envejecimiento en el campo, los especialistas aseguran que se verá amenazada la competitividad y productividad del sector, lo que traería serias repercusiones para la autosuficiencia alimentaria en el futuro, para la rentabilidad y tecnificación del campo.

El relevo generacional, sin políticas públicas

El problema del envejecimiento del campo mexicano se agrava porque actualmente no existe ninguna política pública estatal ni federal para agilizar el relevo, asegura el vicepresidente del CNA de Líderes Jóvenes. “Nosotros estamos abogando por que se preste más atención al emprendurismo agropecuario a partir de la creación, desde las secretarías de gobierno, de incubadoras de empresas agropecuarias y de un Instituto Nacional para Emprendurismo Agropecuario”.

“La única estrategia que podríamos referir es el programa de certificación de derechos ejidales implementado, desde hace décadas, por la Procuraduría Agraria para el traspaso de tierras de las personas mayores a sus hijos o nietos. Sin embargo, no se ha impulsado como debería y es un poco demagógico”, opina Goyás Mejía.

Puntualiza que son pocos los programas de apoyo gubernamental que reciben los jóvenes; el programa Joven Emprendedor Rural y Fondo de Tierras, que en 2013 tuvo 448.3 millones de pesos, fue descontinuado. “Existe otro programa de apoyo a jóvenes para la Productividad de Futuras Empresas Rurales que funciona a través de asistencia técnica y capacitación para implementar proyectos productivos”.

La falta de participación juvenil en el campo se ve reforzada porque los jóvenes están desinformados sobre las oportunidades laborales que ofrece el sector, sostiene el subdelegado de la Sagarpa.

Si bien la delegación desconoce el número de beneficiarios jóvenes que tuvieron en 2013 o el presupuesto que se otorgó a través de programas a este segmento de la población, Ramos Padilla asevera que los jóvenes pueden aplicar a cualquiera de los programas de la Sagarpa. Sin embargo, no se maneja ningún proyecto exclusivo para ellos.

Por otra parte, los jóvenes están desinteresados en estudiar una carrera universitaria relacionada con el campo, aunado a ello, los planes de estudio difícilmente responden a las necesidades del sector. Tampoco figuran entre las carreras mejor pagadas, de acuerdo con el Observatorio Laboral de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social.

La Universidad de Guadalajara ofrece planes de estudio para este sector en ocho de sus 15 centros universitarios; sin embargo, la demanda es baja. “Los jóvenes siguen optando por licenciaturas o ingenierías que nada tienen que ver con el sector, pues prefieren quedarse en la zona urbana que regresar al campo. Por eso, los conocimientos técnicos e innovación tecnológica siguen sin llegar al medio rural”, explica el académico Goyás Mejía.

Para el subdelegado Ramos Padilla, la gran mayoría de los egresados de estas áreas termina buscando trabajo en lugar de emprender. Así pues, el campo sigue carente de técnicos y especialistas cuyos conocimientos respondan a las necesidades del sector.

Pero además, los padres y abuelos suelen acaparar las tierras, inculcándoles a los jóvenes la noción de que el campo no tiene futuro o bien, que trabajar en él es sinónimo de fracaso. “Los mayores no quieren soltar las tierras, siguen trabajando pero ya no producen lo mismo que antes; es un tema cultural muy arraigado en la mentalidad del campesino mexicano”, señala Cárdenas Barba.

Generar soberanía alimentaria y elevar la productividad en los sectores rezagados será el gran reto de la reforma del campo, pero el investigador Ramón Goyás advierte que difícilmente se asumirá si no se fomenta el relevo generacional en el campo

SABER MÁS
De acuerdo con un informe sobre perspectivas agrícolas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) de 2012, en los próximos 40 años habrá que incrementar 60% la producción para alimentar a la población mundial, razón por la cual considera a los jóvenes clave para garantizar la seguridad alimentaria.

En el país, la problemática se agrava al tener una de las productividades agrícolas más pobres de América Latina, incluso por debajo de la de Centroamérica. Según dio a conocer la FAO en México, en los últimos 10 años el crecimiento en los índices de productividad agrícola es inferior a la década anterior y al promedio de Latinoamérica, al no superar 1.1 por ciento. “Es un problema sobre todo de falta de inversión en infraestructura, capacitación y una concentración muy fuerte en el acceso a los recursos”.

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