La historia de Luis Raúl y sus cuatro hermanos es tan ejemplar como peculiar. Inteligencia, contexto internacional favorable, buen equipo, disciplina y mucho trabajo fueron los ingredientes-clave para que 35 hectáreas de una apagada huerta de aguacates se convirtieran en un negocio exitoso, que ahora espera el momento de duplicarse. Luis Raúl, optimista sostiene, sin asomo de duda alguna, que la huerta familiar “tiene mucha vida por delante”.

Eran fines del siglo pasado cuando el padre de Luis Raúl atendía, desde su lógica y su entender, el plantío de aguacates que por años había conservado. Sin embargo, no era suficiente. El proyecto exigía un esfuerzo grande y no siempre redituaba en justa proporción. Frente a ello, Luis Raúl hizo un sesudo análisis del momento y entendió que, a pesar de que el aguacate estaba tardando en ser liberado dentro del entonces nuevo esquema del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), tarde que temprano se le daría luz verde. También identificó posibles créditos bancarios benévolos. Tenía asesoría técnica para el tema del riego. Y valoraba el inmejorable clima de Uruapan, Michoacán, para el
cultivo de esa fruta. “Todo estaba a favor”, se decía.

Su padre murió al empezar el nuevo siglo. Pero, ahora era su madre quien, por temor a la aventura, frenaba el ánimo empresarial de Luis Raúl y sus cuatro hermanos. “¿Y si no podemos con los créditos?… ¿y si perdemos la huerta?”, decía. Hasta que en 2007 ella también falleció. Y a partir del 2008 tomaron la rienda completa de la tierra y su producción total.

Luis Raúl y sus hermanos estaban en lo cierto. El aguacate se liberó, los créditos resultaron favorables, el sistema de riego se instaló y ellos aprendieron pronto a hacer buen equipo. Lo primero que hubo que resolver fue transformar la tierra “charandosa” en tierra fértil, agregando abonos naturales, sin químicos.

En cuanto al riego, Luis Raúl explica que ellos cuentan con dos hoyas (presas de agua, angostas y profundas) a las cuales agregan tecnología especial para llevar el líquido a cada árbol aguacatero. Los créditos sirvieron para comprar cuanta herramienta faltaba, incluyendo tuberías, bombas y tractores.

Obtuvieron las certificaciones del gobierno de EU a través de la FDA (Food and Drug Administration). “Estamos monitoreados siempre, quién entra, quién sale… ni siquiera un perro puede andar en la huerta, para evitar contaminaciones”, explica el entrevistado. Las circunstancias y las atinadas decisiones detonaron el éxito. A tal grado que, al llegar el 2015, estos hermanos aguacateros habían saldado deudas. Los números rojos cambiaron de color.

Agradecido, Luis Raúl comenta que diversas instituciones y asociaciones relacionadas a su negocio han sido un enorme e invaluable apoyo, desde SAGARPA y grupos bancarios hasta la Asociación de Productores y Empacadores Exportadores de Aguacate de México (APEAM). Y con una expresión de serenidad bien ganada, Luis Raúl asegura que Uruapan cuenta
con el mejor clima para producir aguacate y ellos con la más sólida experiencia para empezar una nueva huerta, incluso desde cero. “Estamos buscando otras 35 hectáreas, pero no es tan sencillo, no podemos invadir terrenos de vocación forestal”, explica.

Luis Raúl y sus cuatro hermanos supieron leer los signos de su tiempo, aprovechar la herencia familiar y hacer el mejor de los equipos. “¿Y la siguiente generación qué dice?, ¿le va a entrar al negocio?”, pregunta Agroamigo. Luis Raúl sonríe, se encoje de hombros y tranquilo responde: “no lo sabemos… nosotros estamos haciendo lo que nos toca y lo que nos gusta.” A Luis Raúl el futuro no le preocupa.