Para principios del siglo XX, el auge del henequén ya era importante y se le llegó a considerar el oro verde yucateco.

Los hacendados empiezan a conceder aumentos al salario, les conceden el descanso dominical, y se ordena que en las tiendas de raya se venda al mismo precio que en el mercado libre y se reducen los expendios de bebidas embriagantes…

El henequén es originario de la península de Yucatán, su nombre tiene diferentes acepciones y los estudiosos aún no se han puesto de acuerdo en cuanto a su origen. Por un lado, se dice que el primero en estudiar este vegetal y conocer la dificultad de su manejo (en virtud de las espinas y lo cáustico de su savia) lo llamó el “henequin de las plantas”. ¿Henequin? Sí.

Resulta que el apellido Hennequin procedente de Artois, Francia, cuyo más antiguo progenitor fue Balduino Hennequin allá por el año de 1193 y durante el reinado de Felipe Augusto, la familia Hennequin se hizo poderosa y se declaró enemiga de la monarquía; por ello el apellido se convirtió en sinónimo de ingrato. Es por esto que quien la estudia cree que la planta es algo ingrata en el trato. Sin embargo, hay quienes derivan su nombre del término quechua jeniquin o del maya yakki. Baste saber que el henequén es 100% mexicano.

Durante el periodo histórico que se conoce como Guerra de Castas, en Yucatán, los mayas realizaban un último esfuerzo por recobrar su libertad y el dominio de su territorio. Corría el año de 1847 y el estado de Yucatán se encontraba segregado del resto de la República.

Advierten los blancos que los indígenas, provistos de alimentos y armas, se estaban concentrando en la hacienda Columpich. El 26 de julio es descubierta la conspiración y fusilado Manuel Antonio Ay, uno de los cabecillas. Así empieza una guerra, que al igual que todas las guerras, es sanguinaria y cruel. Se levanta en forma cruenta.

Para debilitar a los mayas, el gobierno decreta una ley en donde se les podía alejar de su domicilio y expulsarlos del Estado por diez años, cuando menos. Sin embargo, podría eximírseles de esa pena, si, bajo el auspicio del gobierno, iban a trabajar por ese tiempo a Cuba, donde faltaban brazos para la recolección de caña. Así es como empieza un
tráfico de personas auspiciado por el gobierno.

El 6 de mayo de 1861, Benito Juárez expide un decreto prohibiendo bajo cualquier título o denominación la extradición de indígenas yucatecos. El año en que se decreta la prohibición de extracción de indígenas, coincide con la demanda de fuerza de trabajo que empezaba a suscitar el cultivo del henequén en las haciendas de la península. La guerra se iba atenuando a medida que los mayas se empleaban en las haciendas henequeneras, cuya creciente actividad alcanzaba a mitigar en parte los rigores de la servidumbre.

Para principios del siglo XX, el auge del henequén ya era importante y se le llegó a considerar el oro verde yucateco. Los hacendados empiezan a conceder aumentos al salario, les conceden el descanso dominical, y se ordena que en las tiendas de raya se venda al mismo precio que en el mercado libre y se reducen los expendios de bebidas embriagantes,
anticipándose en cierto modo a las medidas que después vinieron, ya que el 11 de septiembre de 1914 el gobernador Eleuterio Ávila decretó que las deudas de los campesinos quedaban extinguidas para siempre y que los prestamos futuros no deberían ser pagados con trabajo personal. La liberación de los siervos es del todo atribuible al General Salvador Alvarado, quien gobernó Yucatán de 1915 a 1917.

Él decreta una ley en donde suprime los azotes, se declara libre el trabajo de las sirvientas, se suprimen las tutelas y curatelas, que se prestaban
a sujetar a los indios mediante la retención de sus hijos, los sirvientes serán retribuidos por su trabajo en dinero y no en especie. El 19 de diciembre de 1917 se expide una Ley de trabajo, creando juntas de conciliación y el tribunal de arbitraje. Reglamentó la actividad de los menores, estableció que las deudas solo sería exigibles al trabajador y no a su familia.

LAZARO CARDENAS

En 1937, el presidente Lázaro Cárdenas decidió convertir en ejidos colectivos los grandes latifundios de la zona henequenera, respetando a las antiguas haciendas.

En 1924, siendo gobernador Felipe Carrillo Puerto, proporciona a los indígenas más de 200,000 hectáreas (todas de maíz); pero el 2 de enero de 1924 intenta afectar las del henequén y por ello es asesinado.

En 1937, el presidente Lázaro Cárdenas decidió convertir en ejidos colectivos los grandes latifundios de la zona henequenera, respetando a las antiguas haciendas. El 18 de agosto de ese año para suprimir los actos de sabotaje de los hacendados, el presidente Cárdenas expide una ley para la ocupación de la maquinaria, que permitió que los equipos industriales de las haciendas fuesen operados bajo la responsabilidad directa de los campesinos. Todo lo hizo, según expresó, como “una mínima compensación por la sangre indígena derramada en la lucha por la tierra”.

Al finalizar el gobierno de Cárdenas las viejas y justas demandas indígenas habían quedado satisfechas y el cruento pasado colonial superado.

El futuro era menos rojo, menos violento, pero también menos verde. México había perdido la supremacía en la producción del henequén y éste se producía con éxito en diferentes países, además el uso del nylon era ya común. La industria moderna del henequén se vio empañada por un sin número de vicios y corruptelas que la llevó a la quiebra para mediados del siglo pasado. Actualmente empieza a generarse cierta esperanza ya que se está trabajando con otras industrias para diversificar su uso y generalizarlo. El henequén salvó a un pueblo de la opresión y la injusticia. Se tejió bajo su sombra una historia de horror y de esperanza.

El suelo fértil mexicano nos ha dotado de muchos frutos y es ahora nuestra responsabilidad trabajar de la mano de la naturaleza para seguir explotando una planta tan espinosa como noble. Es tiempo que retome el lugar que le corresponde en la industria.