El sabor del azúcar: ¿amargo?

Home/Octubre 2017/El sabor del azúcar: ¿amargo?

El sabor del azúcar: ¿amargo?

Como muchos otros cultivos, la caña de azúcar era desconocida en el Nuevo Mundo; llegó junto con los españoles. Existen registros de que Cristobal Colón  llevó unas matas a Santo Domingo (La Española), en 1511, pero su cultivo no era importante. Terminada la Conquista, Cortés hizo traerla desde  las Islas Canarias e instaló trapiches primitivos de madera para la molienda. Existen diferentes opiniones acerca de dónde se instaló el primer ingenio azucarero, algunos historiadores sostienen que fue instalado en San Andrés Tuxtla, en 1524, pero hay otros que aseguran que Hernán Cortés, instaló el original cerca de Coyoacán. Lo cierto es que puso otro en Axomulco, en la jurisdicción de Tetela; en donde Cortés era socio y con el tiempo pasó a ser único propietario. Este lugar era muy frío y los cultivos no prosperaron, además de que los indios de la región opusieron resistencia a que se usurparan sus tierras y su agua. Esto trajo como consecuencia la mudanza del ingenio a San Antonio Atlacomulco.

El de Santiago  Tuxtla, que operaba para 1534, cerró debido a que las zonas productoras de caña se habían desplazado de la costa al centro del país. Algunos españoles habían levantado factorías de azúcar fuera de los límites del Marquesado del Valle, en las provincias de México, Nueva Galicia y Michoacán. Para 1550, la industria azucarera ya funcionaba bastante bien, pues existen registros de que partían desde Veracruz, cargamentos de  pilones de azúcar mexicana, con destino a España, Cuba y Perú. Para ese tiempo, la venta de los ingenios y trapiches se puede calcular en unas 450 arrobas de azúcar anualmente, cerca de cinco mil toneladas.

La expansión de la industria azucarera en diferentes regiones de la Nueva España generó diversos problemas a sus propietarios,  por un lado, necesitaban disponer de tierras fértiles, abundante agua y equipo costoso, el otro consistía en una mano de obra adecuada, ya que el cultivo de caña es delicado y exige un duro esfuerzo;  labor que los indígenas no resistían, además de las prédicas en defensa de los naturales por Fray Bartolomé de las Casas.

Es por esto que el Rey permitió la  importación de esclavos negros a las Antillas desde 1518, pues la experiencia demostró que éstos sí podían ocuparse de tan duro trabajo. En 1528  llegaron los primero negros a la Nueva España; pero la trata de esclavos era muy limitada y la demanda muy superior. Se sabe que para 1540 Cortés poseía unos 60 negros entre hombres y mujeres para su ingenio de Cuernavaca, además de unos 120 esclavos indios para trabajos menos rudos. El ingenio de Cortés era uno de los más productivos de la Nueva España, junto con el de Orizaba que contaba con 123 esclavos. A pesar de esto, pocas veces bastaban los esclavos para asegurar el funcionamiento de la explotación, los propietarios se esforzaban en conseguir indios, los cuales les fueron concedidos  durante el siglo XVI, por “vía de alquiler”, esto suponía que los indígenas trabajaban por su voluntad y no compelidos o premiados a ello. Lo cierto es que rara vez se alquilaban por su propia voluntad y fue preciso obligarlos mediante el sistema de repartimientos.

Se les pagaba a cada uno cuatro reales por  semana (seis reales a finales del siglo XVI); y se evitaba, por lo menos teóricamente, que trabajaran en las casas de calderas, en los hornos, en las prensas o en cargar la caña, labores rudísimas, que como ya dijimos, no soportaban. Las epidemias a finales del siglo XVI seguían mermando a la población natural, lo que redujo la mano de obra. Por otra parte, los teólogos españoles seguían oponiéndose al sistema de trabajo forzado. El Conde de Monterrey suprimió los repartimientos de indios, prohibió fundar nuevos ingenios y extender el cultivo de caña de azúcar sin licencia expresa. Por último, en 1601, quedó suprimido el empleo de indios voluntarios en los ingenios; sólo podían trabajar en los cañaverales. Estas resoluciones trajeron alivio a los indios, no así a los negros, ya que el cultivo de caña seguía extendiéndose con o sin licencia, por lo que seguían llegando esclavos negros que remediaban la supresión de los servicios forzados.

Los ingenios más importantes extendían su independencia al plano económico, ya que poseían estancias para centenares de bestias de carga y para rebaños de vacas o de ovejas destinados a dar alimento y vestido a toda una población de indios y de negros, pues estos últimos consumían grandes cantidades de carne para resistir las duras jornadas de trabajo.  Tenían además siembras de maíz y, sobre todo, debían de disponer de vastos montes para alimentar sus calderas, que consumía enormes cantidades de leña, a pesar de que se utilizaba también el bagazo de la caña. Estos grandes ingenios contaban ya con edificios de consideración. Por ejemplo, en 1549,  el ingenio que fundara Cortés en  Tlaltenango, cerca de Cuernavaca, tenía sus máquinas en una construcción grande  y fuerte, de mampostería y de dos pisos, contigua a otro vasto edificio; en los alrededores se apiñaban las cabañas de los trabajadores. El otro gran ingenio, el de Orizaba, era un verdadero pueblo para 1580, con la casa del dueño y la iglesia hecha de piedra, cuatro edificios grandes para la fabricación de azúcar, casitas de adobe para los españoles o los negros “capitanes” y jarales para los demás esclavos y para los indios. Estos conjuntos de edificios se harían cada vez más numeroso durante el siglo XVII. Las explotaciones azucareras más importantes tendieron a formar, desde fecha bastante temprana, comunidades de una nueva especie, es decir diferentes y completamente ajenas a las de los antiguos pueblos indígenas. Constituyeron las primeras grandes propiedades agrícolas y anuncian, desde el siglo XVI, la futura hacienda mexicana.

Leave A Comment

cinco × uno =

Gracias por suscribirte a nuestro boletín! Revisa tu correo por favor.
RECIBE NUESTRAS NOTICIAS
Suscríbete a AGROAMIGO y recibe las noticias por email del sector agropecuario y comercial.
*Por favor revise la carpeta de correos no deseados para la confirmación a su suscripción
Gracias por suscribirte a nuestro boletín! Revisa tu correo por favor.