Explica Jordy González que el saber colocar las herraduras, provocará en el caballo una mayor funcionalidad, mejor armonía y facilidad para el trabajo a que se dedique.

La esencia de un buen caballo no está en su estampa, sino en los cascos. Esto porque si no se tiene un buen casco, no hay caballos. Es por ello que el principio de un caballo, son los casos… “los pies”. Además, la función de los cascos tiene una gran importancia puesto que también funcionan como “rebombeo” para la sangre y mantienen activa la circulación de la misma en el cuerpo. Y para tener un buen caballo, que logre su máxima funcionalidad, se debe tener un adecuado herraje.

Estos son conceptos que expresa Jordy González, herrador con 25 años de experiencia y que desde muy pequeño empezó con el oficio al herrar caballos de carretas, pero en su experiencia se encuentran trabajos en caballos charros y de salto.

La superación que busca le llevó a tomar cursos en Estados Unidos, Inglaterra, Holanda, Francia y España. En México, trabajó en el Hípico La Silla (Monterrey). “En España, los últimos siete u ocho años estuve especializándome en el herraje en caballos de alta funcionalidad”, menciona.

Herraje. De la calidad del herraje depende la funcionalidad del caballo y en lugar de alcanzar una funcionalidad del 100 por ciento en uno de estos animales, si está mal herrado, el mismo estará trabajando a un 60 o 70 por ciento.

Para lograr la alta funcionalidad del caballo, se debe tener en cuenta la actividad a la que se destina y, en consecuencia, seleccionar la herradura adecuada. Y aunque existen aspectos generales para todo caballo (recorte, balance y aplomo) la diferencia en el herraje se da en el trabajo a que se derive el potro.

Como ejemplo fácil de comprender, menciona que en la actividad del deportista humano, existen tipos de calzados diferentes dependiendo al deporte al que se dedique, aunque al practicarlo, el pie no se modifica, solamente el calzado. “Y en el caballo es igual”, enfatiza.

Por ello, el seleccionar la herradura va en función de su estructura, morfología y aplomos, ya sea para un caballo charro, de polo, de salto, de adiestramiento… “es en su actividad donde varía la selección de la herradura”.
En el concepto de Jordy, lo ideal es hacer herrajes de acero por su durabilidad. Y aunque existen de aluminio que más que nada es para absorber el impacto y con ello se evita resonancia en los casos del caballo, lo que crea molestias para el caballo al no sentir ese impacto en su casco.

Importancia. La importancia del herraje hace que el caballo, incluso, acorte su vida útil, puesto que su balance se ve dañado cuando se coloca mal el herraje. En un ejemplo práctico, consideró que un caballo Cuafrisian que iba a herrar, de tres o cuatro años de edad, “estaba muy fuera de masas en sus posteriores”. Consideró que los grados de inclinación de sus cascos posteriores, eran exagerados. Debería tener una inclinación de 45 grados cuando en realidad, tenían 65 pero en manos estaba al contrario: debería tener 55 grados pero tenía 42.

“Estaba muy mal balanceado y fuera de masa; a consecuencias de estar fuera de masa de sus posteriores, su dorso, musculatura, no eran las adecuada. Tenía muchos músculos que no trabajan en él porque andan sueltos”, señala.

Agrega que en esas condiciones, el caballo no trae impulso, no está bien metido para trabajar. Por consecuencia, no trabaja bien su dorso, su grupa, sus riñones. “Su vida la va a acortar. A lo mejor puede durar así toda una vida, pero va a tener un dorso hundido, flácido; para el jinete, no va a haber un trabajo adecuado. Va a tener que forzarse mucho para lograr equilibrar su peso o cargar un 70 por ciento en posteriores y un 30 por ciento en anteriores, con lo que tendría más destreza en los movimientos de sus manos”, expresó.

LO DIJO
«En México, falta mucha capacitación entre la gente que se dedica al caballo. Debería haber cursos especializados tanto para caballerangos como para herradores, para que sepan detectar una claudicación, para que sepan si están bien o mal herrados».
Jordy González
Herrador

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Jordy González, en una clínica de herrar.

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UN BUEN herraje provoca una máxima funcionalidad en el caballo.