Uno de los objetivos, es el promover la organización, para que juntos, puedan desarrollar mejor la actividad.

El sentido de la organización deja beneficios para quienes se agrupan y defienden sus intereses y objetivos desde el punto de vista, precisamente, de grupo. Sin embargo, a través de la historia del productor primario mexicano, ha existido una antipatía por agruparse que los ha llevado muchas veces a navegar solos.

Sin importar el ramo de la producción primaria, el esquema de organización ha sido de mucho beneficio para quienes lo han sabido llevar a cabo. Y el orientar para organizarse, es una de las tareas que tiene el Inca Rural (Instituto Nacional para el Desarrollo de Capacidades del Sector Rural, A.C.). Esta dependencia la coordina en Jalisco, Juanita Ortiz Sánchez, quien ha impartido este tipo de capacitación, en las últimas fechas, a quienes integran el agroclúster de la producción de maíz.

Menciona Ortiz Sánchez que un «agroclúster», en el sentido agropecuario, encierra actividades de un proceso productivo. En este caso, consiste en orientar al productor desde la organización misma de ellos, pasando por la producción, comercialización y la transformación. Estos serían los cuatro espacios específicos en que se conforma el agroclúster en cuestión. “La etapa principal en la que participó Inca-Rural, fue en la fase de la organización. Si los productores no se organizan, no obtienen insumos, no venden y no establecen sus propias condiciones de venta…. y de producción, por supuesto”, menciona la entrevistada.

Participación. En el caso del agroclúster, el Inca-Rural participó con financiamiento a través de Programa Integral de Capacitación y en el cual se van integrando otros actores como Aserca, Inifap y Fundación Produce además de otras entidades que tienen recursos y programas muy específicos. “Con ello, se cubre el objetivo que tiene Sagarpa, o sea, que se integre de manera conjunta un programa para que realmente tenga un impacto, o dé un impacto real a quienes integran y desarrollan este tipo de esquemas de producción (agroclúster)», dice.

Bajo el esquema de Programas Integrales de Capacitación, Inca-Rural puede canalizar apoyos para capacitación, para giras de intercambio, para que los propios productores tengan sus asesores técnicos, los contraten y desarrollen programas específicos donde se demuestre qué acción específica quieren realizar. Si en estas tareas, requieren de apoyo, el Inca Rural puede ofrecerlo hasta por dos millones de pesos por organización de productores, menciona Juanita Ortiz.

Agroclúster. Ortiz Sánchez señala que la participación del Inca-Rural en el agroclúster del maíz criollo, solamente participó en la capacitación para que los productores se organizaran. Agrega que es un proyecto que tiene ya dos años y con el se persiguen varios objetivos: que los productores cultiven los maíces criollos que tienen en cada una de sus regiones (Ciénega, Centro, Valles y demás).

Asimismo, que los productores tengan contacto con los transformadores del maíz, o sea, los industriales de la masa y la tortilla para que lleven lo que se conoce como “agricultura por contrato”, de tal manera que el agricultor sepa que lo que coseche, ya tiene quien se lo compre -y en este esquema es donde se da una organización, también-.

De igual manera, con el cultivo de estos maíces y con la aplicación de los paquetes tecnológicos adecuados, los cuales ya los conoce el agricultor, elevar la producción en un 30 por ciento, según han estimado los promotores de este agroclúster. “Lo que se pretende, es que el productor tenga un acceso directo con el comprador, o sea, eliminar en lo posible, los intermediarios”, explica Juanita.
Dentro del agroclúster, también se tiene el rubro de «Gran Bodega», en el que se considera capacitar al productor para que mantenga sus maíces almacenados el tiempo que considere necesario.

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JUANITA Ortiz Sánchez, coordinadora de Inca-Rural en Jalisco.

AA / Miguel Yáñez A.