Irapuato, capital de la fresa y motor de la agricultura.

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Irapuato, capital de la fresa y motor de la agricultura.

Si a un punto de la geografía nacional se le pudiera llamar con plena justicia: “cruce de caminos”, ése sería Irapuato, en el Estado de Guanajuato. Sin duda. Desde tiempos de su fundación, en febrero de 1547, los caminos de norte a sur, de oriente a poniente y viceversa han pasado por sus territorios.

Dicha peculiaridad fue aprovechada por Francisco Z. Mena, gobernador de aquel Estado en el año de 1877, para echar a andar las obras de tendido de las vías ferroviarias más antiguas en el país. De modo que Irapuato es desde entonces un importante enlace para la vida comercial nacional.

Por otro lado, registros históricos importantes apuntan que la llegada de la fresa a México (traída de Francia) ocurrió en 1840, para ser llevada luego, en 1852, a la ciudad de Irapuato, donde manos cuidadosas y perseverantes supieron dar brillo y esplendor a dicha frutilla. De ahí que a esta urbe se le conozca y reconozca como la capital fresera por excelencia.

Así pues, desde el Siglo XIX, la fresa y muchos otros productos del campo viajaron por los vagones que llegaban y partían de Irapuato. Muy pronto esta ciudad se convirtió en testigo y actor de una riqueza agrícola única en el país. Irapuato ofrece rutas comerciales y un entorno de producción agrícola vigoroso. Razón por la cual, Irapuato es sede de la famosa e importante Expo Agroalimentaria de Guanajuato.

Cabe señalar que del 13 al 16 del presente mes se realiza la Expo Agroalimentaria y los visitantes a ésta tendrán además la oportunidad de conocer y disfrutar los alrededores de Irapuato y la ciudad en sí misma.

Para ilustrar las recomendaciones, los conocedores invitan a dar un recorrido en el Centro, empezando por visitar la presidencia municipal, donde se aprecia el famoso Mural de las Revoluciones: obra pictórica que retrata de modo magistral los momentos clave de nuestra historia nacional. El edificio, de estilo neoclásico, es de por sí bello y en las noches esto se enfatiza varias veces gracias al espectáculo de luz y sonido sobre su fachada.

De igual manera, caminar por la Plazuela Miguel Hidalgo en donde una sencilla fuente, pero a la vez festiva, ofrece el espectáculo de aguas danzantes; a saber, las Fuentes de Aguas Danzarinas. En dicho recorrido te encuentras con los delfines de bronce que el Emperador Maximiliano le regaló a la ciudad; así de antigua es Irapuato. Y también, encontrarte con los relojes de sol labrados en cantera. Precisos como ninguno, son todo un reto a la inteligencia y un fascinante objeto digno de ser observado. A su vez, visitar el museo de la ciudad para admirar utensilios y detalles históricos invaluables como fósiles, piezas prehispánicas, pistolas y uniformes de la época revolucionaria, pinturas y esculturas emblemáticas de la cultura local.

Y, llegados al punto de que este recorrido ha abierto el apetito, toca aprovechar la oportunidad de saborear una botana típica, pero sobre todo paladear un postre o platillo cuyo acento poderoso lo den unas carnosas, jugosas y frescas fresas irapuatenses.

Aunado al mismo tema, debe indicarse que, en la Región del Bajío, arropando a la ciudad de Irapuato, encontramos de manera cercana a ella puntos de extremo valor emblemático para la historia de México, campos agrícolas ricos en producción y muestras de belleza arquitectónica civil y religiosa que bien merecen ser visitados, revisitados, apreciados y disfrutados.

Por ejemplo, en San Miguel de Allende no perderse la fascinante y subyugante experiencia que el museo privado de las máscaras ofrece. Éste llamado “La otra cara de México” que es propiedad de los dueños del B&B: “Casa de la Cuesta”. Ahí se exhibe una amplia variedad de máscaras, utilizadas por ancestrales y legendarias culturas a lo largo del territorio mexicano.

Asimismo, la historia del México en tiempos de la Independencia conviene ser conocida desde el mismísimo sitio donde sus ilustres personajes la iniciaron: Dolores Hidalgo. Ahí resulta imperdible visitar el Museo Casa de Hidalgo, recorrer el esquema tipo colonial de patio central, corredores y habitaciones circundantes, que en su momento fueron habitados por el llamado Padre de la Independencia; casona del Siglo XVIII que al estar en ella una emoción inquietante atrapa al visitante, como si en cualquier momento el espíritu del famoso cura apareciera tras un pilar del recinto.

Además… Guanajuato capital. Tema aparte. Repleta de íconos de la historia, de leyendas, túneles por demás cinematográficos, callejones y calles empedradas. Un viaje al pasado.
Así es que, para concluir esta panorámica mexicana, recordemos que Irapuato no solo es la capital de esa roja y apetitosa frutilla, ni solamente un cruce de caminos promotor de la riqueza agrícola del país, es sede cada año de la Expo Agroalimentaria. Una visita a la Expo, a Irapuato y a sus alrededores es una experiencia irrepetible y enriquecedora. Hoy y siempre.

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