A más de 500 años de la Conquista los aportes que hicieron ambos mundos nos permiten disfrutar no sólo una deliciosa comida, sino que somos receptores de la transformación de la cultura.

Hay personas que afirman que la familia es la base de la sociedad. Es correcto, pero ninguna sociedad se hubiera fundado sin la agricultura. Es decir, en la antigüedad el hombre era nómada, recorría grandes porciones de tierra en busca de alimento, recolectaba frutos silvestres hasta que agotaba la producción espontánea, para seguir en movimiento constante. Es el ingenio del hombre lo que determina el surgimiento de asentamientos humanos y la formación de sociedades tan complejas y diferentes a las antiguas; como resultado de aplicarse exitosamente en la reproducción de plantas y árboles para el cultivo.

Podemos decir sin parecer pretenciosos, que la agricultura hace posible el surgimiento de grandes civilizaciones; así se demuestra en Mesoamérica y el Perú. En estas regiones se cultivan el maíz, el frijol, la papa y el jitomate que son valiosas contribuciones al mundo. Con la Conquista, se duplican los recursos alimentarios de la humanidad. A la llegada de los españoles, los indígenas cultivaban además de los productos antes mencionados, chile, maguey pulquero, nopal, camote, calabaza, vainilla y cacao.

De las fibras merecen especial atención el henequén, la pita, el ixtle, la raíz de zacatón y sobre todo el algodón. A su vez, los españoles introducen: trigo, arroz, centeno, cebada, avena, naranja, limón, manzana, vid y olivo; y dentro de las fibras traen, el lino y el cáñamo. Al parecer, el único instrumento de labranza de los antiguos mexicanos era la coa; los españoles aportan el arado egipcio, el zapapico y el azadón, además de los animales que ayudan en la labranza, la movilidad y el alimento.

En este encuentro de dos mundos, se efectúa un intercambio sin precedente, las semillas y los plantíos se adaptan al clima y se produce una mayor cantidad de alimento que permite el crecimiento de la población, así como la construcción de obras de riego, el invento de utensilios, la realización de técnicas y reglas de operación que vinieron a constituir la tradición y rutina del campo mexicano. Durante la Conquista, no sólo el campo se transforma, se desarrolla una sociedad, surge un nuevo México.

A más de 500 años de la Conquista los aportes que hicieron ambos mundos nos permiten disfrutar no sólo una deliciosa comida, sino que somos receptores de la transformación de la cultura, la aceptación de nuestro mestizaje nos permite sentirnos orgullosos de los frutos que América aportó al mundo pero, al mismo tiempo, hemos hecho propios los alimentos que nos aportó Europa. Así llegamos a disfrutar no sólo de una variedad de comidas sino de una variedad de culturas, podemos decir que actualmente somos multiculturales, al igual que el campo, en el campo mexicano crece por igual, el trigo y el maíz, el chile y la caña, el algodón y el lino. El campo mexicano pinta de verde el mundo con sus aguacates.

Comemos todos los días los alimentos que nuestros campesinos nos cultivan, somos el producto de nuestra tierra.