Los eventos del 10, 11 y 12 de marzo, ocurridos en el segundo fin de semana de marzo de este año, podrían costarle la chamba a los mandamases del futbol mexicano.

No castigar un año a Pablo Aguilar provocó, desde un principio, un mar de inconformidades. Ya que si los árbitros hubieran tomado, enseguida, cartas en el asunto no se hubiera parado la jornada 10.

De igual forma, no sancionar ejemplarmente a Ricardo Peláez por andar por los túneles de los estadios hablando con los árbitros podría costarle muy caro al presidente de la Federación Mexicana de Futbol.

Estamos tocando fondo.
Decio de María Serrano llegó a lo más alto por servir en todo al sistema, pero muchos propietarios del futbol mexicano se han cansado de los manejos que hay en la Federación.

  • Con Decio, el futbol mexicano se detuvo una jornada por sus malas decisiones.
  • Con Decio, el futbol mexicano perdió millones de dólares entre los días 10, 11 y 12 de marzo.
  • Con Decio, la Selección Mexicana de Futbol recibió la peor humillación de su historia en un torneo oficial (7-0 ante Chile).
  • Con Decio, nació un torneo de Copa que tiene dos ediciones al año y que no deja nada bueno.
  • Con Decio, se dio la salida del futbol mexicano de la Copa Libertadores.
  • Con Decio, se prostituyó, como nunca, a la Selección Nacional.
  • Con Decio, la violencia se desató en las tribunas y en las canchas.
  • Con Decio, tocamos fondo.

Tras todo el ridículo que dejó el parón de liga, los dueños se reunieron el sábado 11 de marzo para llegar a un acuerdo con los silbantes. Con lo que se pudo volver a rodar el balón.
La Federación les ha dado todo a los árbitros para que puedan cumplir con su labor de la mejor manera.

Pidieron a Codesal y se los dieron; quitar a Codesal les fue concedido. Pararon la liga un fin de semana. Pidieron un año de castigo para Aguilar y Triverio y también se les concedió.
Los árbitros nos han demostrado en los últimos meses que están fuertes y unidos. Han logrado cosas históricas en el futbol mexicano y pusieron contra la pared a la Federación.

Es momento de exigirles el máximo en la cancha, que se equivoquen menos, que sus trabajos rocen la perfección y que dejen de incidir con sus decisiones en los marcadores y en los trámites de los juegos.

Con todo lo que han logrado ya no podemos escuchar que algunos no pasaron las pruebas físicas, que están pasados de peso, que no quieren trabajar durante la semana.
Momento de exigirle a los árbitros que muestren un trabajo de alto nivel, que no permitan que haya más lesionados graves, que ningún futbolista les falte al respeto y sobre todo que su trabajo se note poco porque deciden bien.

Yo por lo menos seré mucho más exigente con el trabajo de los silbantes porque ahora sí les han dado todo. Y además cobran bastante bien por cada partido arbitrado.