“El otro día saqué una Lobina…. así de grande… como de un kilo.. y la iba a regresar, pero pensé: si no te la llevas tú, otro cabrón te la va a ganar…pura carne… así de gruesa… mejor la agarré y me la comí”.
Pedro Jiménez Olivo , tiene 75 años de edad, y desde los 12 se dedica a la pesca en la Ribera de Chapala. Pertenece a la cooperativa de pescadores de Nestipa. Cada día, desde las 5 de la mañana se adentra en los márgenes del Lago, por la zona de Jocotepec. Busca en esta actividad, ya no solo sacar para vivir, “sino matar el hambre de él y de su familia”. “Sabemos que llegan muchas ayudas del gobierno, pero al pescador no le llegan .. el primero que agarra es el Presidente; ahí va uno a la presidencia a Jocotepec y luego nos dicen que no llegó nada de México”. Indica consternado.

“Estos eran puros tulares… hasta donde está aquella casa, ahí con chinchorro agarrábamos hasta 10 o 12 costales de pescado; ahorita ya no se puede vivir, somos muchos pescadores. En la cooperativa de Nestipa somos 25, luego San Nicolás de Ibarra, el Chante, San Juan Cosalá, San Cristobal, San Pedro, San Antonio. Pero lo que sale no alcanza para que ganemos todos”. Señala afligido y mirando hacia el cielo, como esperando que la ayuda divina llegue y regrese la abundancia que en el pasado tuvo el también llamado Mar Chapálico. “Una vez hace muchos años nos dieron 10 madejas por pescador; ahora ya no quiere el gobierno pescadores libres, pura cooperativa, pero tampoco ahí llegan las ayudas”. Citó.

Nos insiste, apuntando hacia la cubeta con unos cuantos peces “Ya casi no hay pescado; venimos a sacar a penas para almorzar. Está la vida muy dura para uno, lo único que sabe uno es pescar. Estuve en los Estados Unidos, en la manzana y la “cherry”; pero ya la edad no ayuda. Pa’ las enfermedades hay medicina, pero para la vejez, no. Se acaba juventud, todo”. Pensativo menciona que a pesar de la vida dura de los pescadores si volviera a nacer sería pescador, porque en la obra lo traen a uno como buey. Es más fácil ganar dinero aquí. Poquito, aunque sea para una coca uno trae su dinerito y en la obra nada más cada ocho días”. Combinando los días buenos y malos dice que por semana saca mil 500 pesos.

Al cuestionarlo sobre la variedad del pescado blanco que era un atractivo gastronómico de la zona, argumenta que se murió después de que empezaron a meter las plantas tratadoras de lirio. La misma suerte corrió el bagre: “Un día sacamos hasta 500 kilos y hoy no sacamos ni uno solo; hay quien ha capturado algunos blancos y bagres por Mezcala, pero ahora ya es muy raro”.

José Aguilar, camina con su carretilla en la que lleva una cubeta con tilapias y carpas. Son aproximadamente 30 kilos que le lleva a un comprador que le pagan entre 10 a 20 pesos el kilo. Se conforma con que le de 300 pesos por su pesca que le costó 12 horas de trabajo en la Laguna. Reconoce que no está permitido capturar peces “chiquitos”, pero argumenta que muchos se “pegan” y no hay remedio más que sacarlos.
Dice que la gente del gobierno “vino a regar pescado, pero no se de cuales aventó. Nosotros seguimos sacando carpa y tilapia y del otro no sale”. Menciona que con la llegada de los “calores” la situación empeora y que en esos días no se sacan ni 5 kilos,

Por : Marcela Leopo Flores