Ya entrados en este 2014 después de iniciar el año con más entusiasmo y tratando de asimilar cómo está el entorno económico y su impacto en las actividades productivas rurales, independientemente de que el gobierno ha anunciado que impulsará “una reforma del campo para que sea más competitivo”; veo una “amplia” dispersión de recursos asignados para impulsar al campo en sus “ramas” agropecuarias, pesqueras, forestales, acuícolas y agroindustriales. Tan solo Sagarpa, contará con un presupuesto de casi 83 mil millones de pesos, más 338 mil millones en “concurrencia con los estados” además lo que dispondrá la SDATU, Sedesol, Procuraduría Agraria, Economía, Conafor, Semarnat, financiamientos de Financiera Rural, Fira, etc.

De esto, opino igualmente, que los productores estarán a la espera de que los apoyos sean oportunos y ágiles para que verdaderamente respalden su actividad. “Oportunos y ágiles”, es el clamor de los productores.

También veo, otras medidas que ha implementado el gobierno para cumplir con su rol y responsabilidad de impulsar las tareas propias del campo. Destaco esto, porque en nuestro medio los productores siempre están al pendiente de lo que el gobierno dispone con sus reglas de operación y de las acciones que ejecuta para tratar de apoyar no necesariamente con recursos económicos al productor. Hay algunas medidas y acciones que ya se han anunciado y se están ejecutando; de ello deseo hacer algunos comentarios.

En diciembre pasado, por ejemplo, se dio un decreto modificatorio a la ley de impuestos a la importación, para aplicar “aranceles” tanto para maíz blanco, como al sorgo y al limón; productos que son estratégicos y que desde 2007 no le aplicaban impuesto a las importaciones de estos productos, especialmente de maíz y sorgo de países con los que no se tienen tratados comerciales y en la cual México, teniendo altas producciones, con esas importaciones habían estado afectando los precios al productor. Según datos, entre el año 2012 y 2013, se importaron casi un millón de toneladas de maíz blanco, aunque hay que decir que se producen nacionalmente más de 20 millones de toneladas, si ha provocado una distorsión sensible en el vínculo de producción y consumo.

Me llama también la atención lo expresado por el secretario de la SAGARPA, que mencionaba que en el caso del maíz, en dos años se ha reducido el precio a menos del 50 por ciento del valor para el productor y que sin embargo, los productos al consumidor, o sea casi toda la población, derivados del maíz blanco. ”No se ha visto ninguna reducción, como es el caso de la tortilla de maíz de nixtamal”, esto lo han dicho constantemente los productores, de que esto les ha afectado de una manera muy seria y por supuesto los consumidores.

Pienso que en este aspecto, de la importación de los alimentos, señalado insistentemente por analistas, por expertos y no expertos, siempre se debe dar la posibilidad de importar alimentos cuando faltan en el país o que de sea de una manera compensatoria con lo que se exporta, siempre buscando lograr equilibrio. Hay que aceptar también, que México importa casi un 40 por ciento de los alimentos que consume debido a la caída drástica en la producción de alimentos en el país, según el CNA.

En esta contexto, se espera que se cumpla con lo señalado por el secretario, que pide abrir la importación de alimentos de países con quienes no se tienen tratados comerciales y que sea cuando la producción nacional “sea deficitaria, pero no cuando sea superavitaria”. Y es aquí donde ya causa los desequilibrios y por lo tanto un problema a los precios que en cadena, desde el productor hasta el consumidor final, afectan.

En el asunto del comercio internacional, de las importaciones y exportaciones de alimentos que está abordando el gobierno, se está dando nuevamente la oportunidad de ordenar el mercado de los principales productos básicos de nuestro país (maíz, sorgo, trigo, azúcar, frijol, huevo y pollo) que son los de mayor demanda. Aquí es notable el mensaje que nos envían, respecto a que algunos de los “jugadores” del mercado nacional, como los comercializadores y los acopiadores principalmente, acepten y negocien bien a favor de comprar en primera instancia el producto a los productores mexicanos. Suena difícil, pero se puede.

Ya sabemos que hay esquemas de apoyo a la etapa de la comercialización para una segura negociación, sobre todo para darle certidumbre al productor que cuando vaya iniciar su cultivo agrícola, de acuerdo a los mecanismos que están establecidos pueda tener la idea más precisa posible de cuánto finalmente se le va a pagar por su cosecha. Así que esto lo veo como una gran posibilidad y muy real. Se puede “sintonizar” la importación, la oferta, la demanda y el consumo, para abatir el deterioro de los productores y también que se refleje en beneficios al consumidor final.

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