Jaime Ismael Díaz Brambila, diputado presidente de la Comisión de Desarrollo Agrícola en el Congreso del Estado.

El campo en México vive una de sus peores crisis y esto se refleja en la economía de las familias que viven de este noble sector, pero analizando este problema que puede ser comparado con los famosos problemas estructurales que tiene nuestro país, me concentro en dos factores: la producción y la comercialización de granos en México y de los diferentes actores que intervienen en este sector, específicamente dos que parecen antagónicos, el Gobierno y los productores.

En México el principal cultivo es el maíz, por su importancia en la dieta diaria de la población. Sin embargo, de las más de 30 millones de toneladas que se consumen anualmente, sólo 21.5 millones son producidas en el país. Es decir, tenemos un déficit de cerca de 28% del consumo nacional. El rendimiento nacional alcanza en promedio las 3.2 toneladas por hectárea (ton/ha), siendo el rendimiento de temporal de 2.2 ton/ha y el de riego de 7.5 ton/ha.

La producción promedio por hectárea debe aumentar, para ello los agricultores deben trabajar buscando las mejores prácticas y técnicas para incrementar su producción para así poder contrarrestar la baja en los precios del maíz y la alza del 72% en los costos de producción. En este rubro el Gobierno debe hacer un esfuerzo para que se modernicen la unidades de riego y así sean más las hectáreas con riego y en las de temporal brindar apoyos que incentiven la producción de más toneladas por hectárea, así de simple o buscar pasar de los 45 dólares que entrega en subsidios por hectárea a los más de 150 dólares que entrega el gobierno de Estados Unidos por hectárea.

En cuanto a la comercialización, el Gobierno Federal promueve la agricultura por contrato y este modelo es muy bueno, sin embargo en México muchas toneladas se quedan fuera de este esquema y se comercializan por la libre y esto afecta a los campesinos porque terminan vendiendo el maíz muy por debajo del precio de mercado y no se hacen acreedores a los beneficios que implica la agricultura por contrato. Los agricultores tienen que lidiar con los intermediarios que reciben su maíz, les pagan cuando quieren y aparte les quitan un porcentaje de la compensación por tonelada que otorga el gobierno Federal y Estatal. Para contrarrestar esto, el Gobierno mexicano debe hacer una reestructura en sus políticas públicas para reorientar los apoyos al campo para que lleguen al bolsillo del responsable de la producción y no al intermediario, que es quien se beneficia de todo el ciclo. En el 2012 se pagó a 4,800 pesos la tonelada, en el 2013 bajo un 34% y se pagó a 3,150 pesos la tonelada. Han pasado dos años del Gobierno de Enrique Peña Nieto y la baja en el precio ha sido un factor que hoy tiene al campo mexicano al borde de la cartera vencida.

¿Quién va a rescatar al campo? ¿Cuándo será rentable esta actividad para el productor? Hay quienes dicen que mientras se hagan las cosas de la misma manera será muy difícil obtener resultados diferentes. Creo que si el Gobierno Federal no hace cambios estructurales estaremos viendo estallar una crisis en un sector muy importante y con alcances preocupantes. La promesa de ayudar al campo es una deuda histórica.